Una adecuada hidratación es fundamental para la salud, especialmente en épocas de elevadas temperaturas, pero ¿Cuál es la cantidad de agua que debemos consumir?

En los últimos 10 años, la evidencia científica sobre la importancia de la ingesta adecuada de líquidos y del estado de hidratación ha evolucionado considerablemente. La aparición de indicadores fisiológicos mucho mas sensibles nos permite comparar epidemiológicamente qué sucede en  personas sanas que habitualmente toman más o menos agua. Hoy, la evidencia sustenta la idea de que tener una ingesta mayor de agua es mejor que tener una ingesta menor. Pero, ¿qué cantidad es la adecuada? Como la pérdida de agua a lo largo del día es un fenómeno constante que depende del tamaño corporal, edad, actividad,  temperatura y humedad ambientes entre otros factores, se hace muy difícil establecer una norma rígida válida para todas las personas y edades. Especialmente cuando  se considera que la sed suele ser un indicador muy  tardío del estado de hidratación por lo que la cantidad de agua y bebidas que consumimos resultan más una cuestión de hábitos aprendidos  que un respuesta fisiológica refleja.

Las recomendaciones para la población adulta de ingesta de líquidos en Europa como Estados Unidos varían entre 2 y 2,6 litros por día, excluyendo el agua contenida en los alimentos. En nuestro país, Las Guías Alimentarias recomiendan consumir al menos 2 litros de agua segura. Si se considera que un vaso promedio contiene alrededor de 250 ml representa alrededor de 8 vasos por día. Estudios que realizamos en CESNI registrando  las bebidas consumidas a lo largo de la semana han demostrado que una tercera parte de la población infantil tiene una ingesta baja de líquidos y especialmente de agua. En verano y en el deporte estos valores normativos promedios pueden ser bajos. Tomar agua, es un hábito saludable que se aprende desde pequeño. 

Sobre este tema, Cesni realizó el estudio «Hidratación Saludable en la Infancia» donde revisa la fisiología y balance de agua, los hábitos de consumo, el mercado de bebidas e infusiones, las iniciativas y políticas publicas relacionadas con la promoción de hábitos saludables, la seguridad de los edulcorantes, el eventual papel del sodio en el agua, así como las modificaciones fisiológicas a lo largo del ciclo vital y nuevas evidencias sobre el impacto de la sub-hidratación.

Decálogo para una hidratación saludable

Esteban Carmuega

Medico Pediatra especialista en Nutrición Infantil