El pasado mes de Junio se lanzó el último Informe de la nutrición Mundial elaborado por el IFPRI (International Food Policy Research Institute) y un grupo de expertos independientes. Se tituló «De la Promesa al impacto», y plantea como principal desafío terminar con la malnutrición de aquí a 2030.

En la actualidad la malnutrición afecta a 1 de cada 3 personas en el mundo,  manifestándose de  maneras muy distintas como ser: el retraso en el crecimiento y el desarrollo de los niños; personas desnutridas o propensas a las infecciones; personas con exceso de peso y alto contenido de azúcar o colesterol en sangre; e incluso personas con carencias de vitaminas o minerales importantes para la vida. Esta realidad conlleva a los países a afrontar grandes gastos en materia de salud pública. Desde el 2012 con la Asamblea Mundial de la Salud hasta el 2015 con «Los Objetivos de Desarrollo Sostenible» de la ONU, la mayoría de los países del mundo se comprometió a acabar con todas las formas de la malnutrición. A pesar de ciertos avances observados en los últimos años, el mundo está lejos de poder alcanzar estas metas en materia de nutrición.

Este informe «De la Promesa al impacto» sobre el estado de la nutrición mundial, propone formas de invertir la tendencia y acabar con todas las formas de malnutrición en 2030. Constituye un punto de referencia que aporta ejemplos de cambio e identifica oportunidades para la acción.

¿Cuáles son los mensajes claves a tener en cuenta?

La malnutrición crea una cascada de desafíos individuales y sociales y otras tantas posibilidades.

Este informe presenta nuevos datos sobre el costo de la malnutrición tanto para las sociedades como para los individuos. Por ejemplo, en Estados Unidos, cuando en un hogar uno de sus integrantes es obeso, la familia debe asumir gastos de salud adicionales equivalentes al 8 % de sus ingresos anuales. En China, el diagnóstico de un caso de diabetes representa una pérdida anual del 16,3 % del ingreso de quien sufre la enfermedad. Todas estas cifras implican que la carga de la malnutrición pesa enormemente en todos nosotros, sin importar si sufrimos o no directamente una enfermedad.

El mundo está lejos de alcanzar las metas mundiales, pero todavía quedan esperanzas.

Muchos países están en el buen camino para cumplir con las metas relacionadas con el retraso en el crecimiento, la emaciación y el sobrepeso en los niños menores de 5 años y con lactancia exclusiva. Sin embargo, casi todos los países están lejos de cumplir con las metas sobre anemia en las mujeres y sobrepeso, diabetes y obesidad en adultos en general. La obesidad y el sobrepeso, que están aumentando en todas las regiones y en casi todos los países, se han convertido en un verdadero desafío mundial. El número de niños menores de 5 años con sobrepeso se está acercando al número de niños con emaciación.

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La nutrición es fundamental para el cumplimiento de los ODS.

Al menos 12 de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) contienen indicadores de gran pertinencia para la nutrición, lo que confirma su función central en el desarrollo sostenible. La mejora de la nutrición constituye la plataforma de despegue para el progreso en salud, educación, empleo, empoderamiento de la mujer, y la disminución de la pobreza y las desigualdades.

Los compromisos actuales no responden a las necesidades.

El nivel de gasto actual asignado para reducir el problema de la nutrición es muy bajo. Los análisis muestran que 24 gobiernos de ingresos bajos y medianos asignan apenas un 2,1 % de su gasto para reducir la desnutrición, mientras que destinan un total de más del 30 % a la agricultura, la educación, la salud y la protección social.

Los compromisos y objetivos SMART cuentan.

Los análisis muestran que la mayoría de los planes de nutrición no incluyen todos los objetivos globales de nutrición y, en el caso de los países que se han fijado objetivos, sólo dos terceras partes de ellos son SMART.

¿Qué significa este concepto? 

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A nivel mundial, sólo un 30 % de los países han establecido objetivos en materia de obesidad, diabetes y reducción del consumo de sal en sus planes nacionales para tratar las enfermedades no transmisibles. Forma parte de esa minoría nuestro país, que desde 2013 estableció entre sus Políticas, la Ley Nacional de Regulación del Consumo de Sodio, Nº 26.9051. Esta ley compromete al gobierno a reducir el consumo a 5 gramos por persona/día para el año 2020 a través de una serie de medidas, incluyendo una reducción gradual de la sal en el pan y otros alimentos procesados, y una campaña de comunicación con el lema “Menos sal, más vida». La política tiene como objetivo ser SMART (específica, medible, alcanzable, realista y limitada en el tiempo). SI bien no caben dudas que es específica y medible, también es probable que sea alcanzable, ya que estudios realizados muestran que el 70 por ciento de la ingesta de sal es de alimentos procesados, especialmente pan. Por lo tanto, si el enfoque de reducción de sal se realiza en los alimentos procesados ​​y pan, esto se correlacionará con una disminución en la ingesta diaria de sal en la población general.  Esta política es de alto impacto ya que se estima que por cada gramo de reducción de sal, podrían evitarse 2.000 muertes anuales por enfermedad cardiovascular. Entre 2011 y 2015, el consumo promedio de sal se redujo 2,0 gramos2, de 11,2 a 9,2 gramos por día;  se estima que esta disminución resultó en 4.040 muertes menos por año durante ese mismo período de tiempo.

Ir más allá de la palabra y pasar a la acción.

El informe destaca la necesidad de reforzar en forma espectacular la implementación tanto de las políticas como de los programas. Por ejemplo, las políticas y los programas de base que promueven la lactancia materna están muy rezagados: sólo el 36 % de los países implementan todas o algunas de las disposiciones del Código Internacional de Comercialización de Sucedáneos de la Leche Materna. Ningún país ha adoptado un enfoque completo orientado a regular la comercialización de alimentos y bebidas sin alcohol para los niños. Dos terceras partes de los países no han realizado ningún progreso en la puesta en marcha de las tres recomendaciones centrales de la OMS para promover una alimentación sana (reducción de la sal, reducción de las grasas trans y saturadas e implementación de las recomendaciones de la OMS sobre la comercialización de los alimentos para niños).

Los datos y los conocimientos actuales no bastan para maximizar las inversiones.

El informe revela la ausencia significativa de datos relacionados con el gasto en acciones enfocadas a la nutrición y en acciones para luchar contra la obesidad y las enfermedades no transmisibles relacionadas con la nutrición; la cobertura y el impacto de los programas que combaten todas las formas de malnutrición; el estado nutricional de 60 millones de personas desplazadas por los conflictos bélicos; y la prevalencia de la malnutrición y las tendencias en los estados frágiles.

¿Qué hacer?

Tomar decisiones políticas para acabar con todas las formas de malnutrición

Según este informe los países del mundo estamos en el mal camino para alcanzar las metas en nutrición. Por ejemplo, la anemia está disminuyendo tan lentamente que, al ritmo actual, estaremos más cerca de alcanzar la meta mundial en 2130 que en 2030. Lejos de disminuir, la obesidad y el sobrepeso están en aumento, lo que pone en riesgo los grandes objetivos mundiales en nutrición.

Invertir más y asignar mejor los fondos.

La inversión en la eliminación de la malnutrición es una de las medidas más rentables que los gobiernos pueden adoptar: cada dólar invertido en programas de nutrición eficaces representa un beneficio de 16 dólares. Con el fin de cumplir con los principales desafíos mundiales de la nutrición, los gobiernos y los donantes necesitarán triplicar sus compromisos con la nutrición en la próxima década. Es necesario dedicar mayores recursos al fortalecimiento de capacidades para tratar la obesidad, la diabetes y las demás enfermedades no transmisibles relacionadas con la nutrición. Es preciso empezar a considerar a las inversiones en nutrición como un medio para alcanzar el crecimiento económico, en lugar de considerar una mejor nutrición como el resultado del crecimiento económico.

Recabar los datos necesarios para maximizar las inversiones

Cada país posee un contexto de nutrición diferente y debe obtener los datos, nacionales y subnacionales, para comprender su propia situación y actuar en consecuencia.

Invertir en la aplicación de soluciones probadas y en la identificación de nuevas soluciones

Se conoce cuáles son las intervenciones más eficaces para tratar la desnutrición también, cuáles son las políticas públicas con mejores posibilidades de funcionar para reducir la malnutrición en todas sus formas. Se conoce la importancia de trabajar con los ciudadanos y la sociedad civil, para desarrollar mecanismos intersectoriales de gobernanza.

Combatir la malnutrición en todas sus formas

Los gobiernos de los países con ingresos bajos y medianos deben actuar para reducir drásticamente la desnutrición antes de que la obesidad y las enfermedades no transmisibles relacionadas con la nutrición alcancen niveles aún más alarmantes. Por lo tanto, estos países deben integrar la prevención y el control de la diabetes y la obesidad en sus planes de nutrición e implementar políticas e intervenciones que puedan combatirlas.

 Para acceder a la Descarga del Informe completo: http://globalnutritionreport.org/the-report/