La anemia es un factor de riesgo que incide en la calidad de vida de las personas porque impacta en la morbilidad y mortalidad neonatal y en el desarrollo cognitivo durante la etapa escolar. Estos dos efectos en conjunto erosionan los cimientos del capital humano de un país y limitan su capacidad de progreso.

¿Cómo podemos medir en términos económicos dicho impacto? Según un estudio llevado a cabo recientemente en el CESNI sobre costos en desnutrición, en el año 2010 la anemia representó el 25 % de dichos costos.

En nuestro país la anemia es una deficiencia nutricional prevalente tanto en niños como en embarazadas. La Encuesta Nacional de Nutrición y Salud (ENNyS) realizada por el Ministerio de Salud de la Nación, en Argentina en 2005 mostró que el 30.5 % de las mujeres que transitan su embarazo se encuentran anémicas. En niños de entre 6 y 59 meses la prevalencia de anemia es del 17.2 %.

Teniendo en cuenta el mayor riesgo que representa la anemia en el embarazo, se ha estimado que en 2010, 3593 niños nacieron con bajo peso de nacimiento debido a que sus madres se encontraron anémicas durante la gestación generando un incremento en los costos de atención de 7 millones de dólares. Por otra parte, la anemia incrementa la mortalidad neonatal por bajo peso de nacimiento y reduce los ingresos de una persona en un 2.5 %. En pérdida de productividad la anemia costó 579 millones de dólares.

Como sociedad debemos tomar conciencia acerca de la importancia de una nutrición adecuada y oportuna. Esto no puede ser considerado como un gasto sino como una inversión que beneficiará a cada niño y a toda la población.